Movimiento aeróbico en los niños
Se sabe que la obesidad por naturaleza predispone a la hipertensión arterial, la enfermedad cardíaca coronaria, la diabetes mellitus, la hipercolesterolemia y/o hipertrigliceridemia, la arteriosclerosis y muchas otras enfermedades no cardiovasculares.


Debido a ello el médico dice que la dieta y el ejercicio con los niños, los adolescentes y sus padres, es importante.

Un niño obeso tiene más probabilidades de desarrollar las enfermedades antes mencionadas, cuando llegue a la edad adulta, especialmente si sus padres las han desarrollado o tienen predisposición hereditaria de hacerlo. Para reducir esta tendencia los padres deben hacer que el niño desarrolle buenos hábitos de alimentación y ejercicios.

Por lo tanto la actividad física aeróbica regular es un hábito que debería ser enseñado por los padres. El ejercicio físico regular es fundamental para que los huesos se desarrollen mejor, favorece el buen funcionamiento del sistema cradio respiratorio, mejora el rendimiento del sistema metabólico, disminuye la resistencia al paso de la sangre por las arterias, mantiene la armonía entre la psiquis y el cuerpo, etc.

Qué actividad aeróbica practicar?
Hay que tener en cuenta las inclinaciones deportivas del niño, de esta forma los padres pueden estimularle en esta actividad.

Los fines de semana como familia podrían realizar ejercicios, además deberían considerar las siguientes alternativas:
Caminatas regulares; uso de la bicicleta de manera periódica; ejercicios en el programa de gimnasia escolar y la interacción con otros niños en actividades recreativas.

Estimular el hábito de realizar actividad aeróbica que incluya, al menos, 20 minutos de estiramiento muscular dirigido previo.

Debe hacerse énfasis en el deporte más que en el ejercicio en sí, de esta forma el niño disfrutará de la actividad deportiva y la incorporará fácilmente a su estilo de vida, disminuyendo así la adicción a la televisión

Frecuencia cardíaca ideal durante el ejercicio para un niño
La frecuencia cardíaca máxima que debería alcanzar un niño durante la actividad deportiva es de 200 latidos por minuto, sin embargo esto no indica que se tenga que realizar un control del ritmo cardíaco infantil durante el ejercicio de igual forma que se hace con el adulto. Sin embargo, en un niño con enfermedad cardiovascular congénita la frecuencia cardíaca máxima durante el ejercicio debe ser indicada por su médico ya que en estos casos los programas aeróbicos deben ser individualizados y controlados.




TIPS:


Caminar: Es el mejor ejercicio y el más fácil. Una caminata diaria es la mejor opción, es comparada a una píldora mágica, por lo cual es recomendable caminar a un ritmo de tres a cinco kilómetros por hora en forma continua durante 45 minutos para mantener alejadas enfermedades tan graves como infarto del corazón, derrames cerebrales y diabetes. Además puede disminuir entre 30 y 50 por ciento la posibilidad de aparición de enfermedades como cáncer de seno, osteoporosis, impotencia, diabetes y depresión.

Todo el mundo está en condiciones de caminar, no se necesita preparar grupos de músculos pues estos ya están dispuestos, es económico, es una actividad que genera muy poco riesgo.

Cambio de hábito: El ejercicio pausado y no extenuante tiene grandes ventajas. La clave está en la continuidad.

Caminar representa muchos beneficios para el corazón debido a que éste músculo comienza a ser más eficiente después de que la persona se ha sometido a esta rutina. Esto quiere decir que con el tiempo este órgano requiere menos latidos para cumplir con un ejercicio. Lo mismo sucede con los pulmones y los músculos, que con este ejercicio logran sostener un trabajo o actividad por mucho más tiempo. Como consecuencia de todo esto el perfil de riesgo cardiovascular se mejora no sólo porque la persona logra controlar el peso sino también la presión arterial. Así mismo mejora el nivel de colesterol en la sangre, debido a que durante el ejercicio el organismo segrega una proteína llamada HDL, más conocida como el colesterol bueno. Esta proteína se fija en el colesterol malo y lo transporta hacia otras partes del organismo, donde lo elimina el hígado.

Caminar también tiene grandes ventajas para prevenir la diabetes tipo II, la que se presenta cuando los adultos son obesos. Caminar mejora la sensibilidad de la insulina. Cuando la persona camina a un buen ritmo en forma continua la insulina trabaja mejor.

Caminar también le trae paz al espíritu. Nadie duda de que la creatividad se dispara dando una vuelta por el parque y que los problemas y preocupaciones se disipan paso a paso. De hecho, muchas personas toman decisiones trascendentales dando un paseo a pie. También es un buen antídoto para la ansiedad y el estrés e incluso para la depresión severa.

Lo difícil no es empezar sino mantenerse. Por eso es recomendable tener buenos zapatos, ponerle hora fija a las salidas, llevar un diario con los progresos y establecer metas. Otros recomiendan simplemente salir y caminar 10 minutos. Con el regreso ya habrán sido 20. Así, poco a poco, se podrá establecer una rutina que con el tiempo, aseguran, será muy difícil detener.


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